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¿Cómo planificar una salida astronómica?

Cada vez debemos alejarnos más para disfrutar de noches realmente oscuras. La contaminación lumínica avanza sin descanso y los amantes del cielo estrellado lo sufrimos especialmente. Si no vivimos en un pequeño pueblo o en un rincón apartado, es probable que tengamos que recorrer largas distancias para disfrutar plenamente de nuestra afición.

Por eso, planificar bien cada salida astronómica es esencial para aprovechar el esfuerzo del desplazamiento. La astronomía enseña paciencia: las cosas no siempre salen como uno espera. A veces olvidamos un accesorio importante, el tiempo cambia de repente o Murphy decide acompañarnos. Pero con una buena preparación, podemos minimizar imprevistos y disfrutar al máximo.

La Luna: la primera cita en el calendario

Si tu objetivo es contemplar la Vía Láctea, nebulosas o galaxias lejanas, necesitas noches sin Luna. Su luz eclipsa los objetos de cielo profundo y borra los detalles más tenues. Planifica tus salidas en Luna Nueva o en noches en que se ponga temprano. Puedes consultar las fases lunares y los horarios de salida y puesta en nuestra página principal.

Una Luna llena inunda el cielo con su brillo y deja visibles solo los planetas y las estrellas más brillantes. En cambio, durante la Luna nueva o cuando está en fase creciente fina, el cielo se convierte en un lienzo oscuro, perfecto para explorar el universo profundo.


 

Elegir el lugar adecuado

Si tu interés son los planetas o la Luna, puedes observarlos desde la ciudad sin necesidad de desplazarte. Pero si buscas galaxias, cúmulos y nebulosas, necesitarás los cielos más oscuros posibles. Elige lugares con horizontes despejados, preferiblemente en altitud, donde la atmósfera y la contaminación sean menores. Y, por supuesto, aléjate de las luces artificiales: cuanto más oscuro sea el entorno, más brillante será el universo ante tus ojos.

Para saber la calidad que tiene el cielo de un lugar, tenemos que usar la escala Bortle.

La escala Bortle mide la oscuridad del cielo nocturno. Fue creada en 2001 por el astrónomo John Bortle, y va del 1 al 9. Cuanto más bajo el número, más oscuro y puro es el cielo. Cuanto más alto, más lo devora la luz artificial.

Puedes consultar el Bortle de cualquier localidad en nuestra página de inicio.


 

 

 

ESO/P. Horálek y M. Wallner (2022). How light pollution affects the dark night skies (flipped left-right). Imagen licenciada bajo Creative Commons Atribución 4.0 Internacional (CC BY 4.0).

Clase 1 — Cielo excepcionalmente oscuro

El extremo casi mítico. La Vía Láctea proyecta sombras sobre el suelo. La luz zodiacal, el resplandor tenue del polvo del sistema solar, se ve con claridad. Solo existe en desiertos remotos, océanos o alta montaña, lejos de cualquier civilización.

Clase 2 — Cielo verdaderamente oscuro

La Vía Láctea muestra estructura rica, con nudos y filamentos de nebulosas oscuras. El horizonte apenas insinúa un resplandor lejano. Es el cielo que buscan los astrofotógrafos que viajan a zonas protegidas.

Clase 3 — Cielo rural

Todavía espectacular. La Vía Láctea se ve con detalle, aunque algo menos definida cerca del horizonte. Puede haber un leve resplandor de algún pueblo distante en una dirección.

Clase 4 — Transición rural/suburbano

El resplandor de las ciudades cercanas ya se nota en el horizonte en varias direcciones. La Vía Láctea sigue siendo visible y bonita, pero pierde parte de su textura fina.

Clase 5 — Cielo suburbano

Aquí empieza a notarse de verdad la contaminación lumínica. La Vía Láctea se ve débil, especialmente cerca del horizonte. Es el cielo típico de una zona residencial alejada del centro de una ciudad media.

Clase 6 — Cielo suburbano brillante

El cielo tiene un tono grisáceo o anaranjado visible incluso en el cenit. La Vía Láctea, si se ve, es solo un resto fantasmal. Es el cielo habitual en muchas periferias urbanas.

Clase 7 — Transición suburbano/urbano

Todo el cielo tiene un resplandor evidente. La Vía Láctea prácticamente ha desaparecido. Solo destacan las constelaciones formadas por estrellas brillantes.

Clase 8 — Cielo urbano

El típico cielo de una ciudad grande. Solo un puñado de estrellas brillantes logra atravesar el resplandor. El cielo nocturno se parece más a un techo naranja que a una ventana al universo.

Clase 9 — Cielo del centro urbano

El extremo opuesto a la clase 1. Solo la Luna, los planetas y un puñado de estrellas muy brillantes sobreviven. El resto del cielo, simplemente, ha sido borrado por la luz.

Para el aficionado, lo interesante es esto: no hace falta llegar a clase 1 o 2 para disfrutar del cielo. Bajar de una clase 8 o 9 urbana a una clase 4 o 5 rural ya multiplica lo que se ve. Y con un telescopio inteligente, que apila muchas exposiciones para sacar detalle donde el ojo no lo encuentra, incluso un cielo de clase 5 o 6 puede regalar galaxias y nebulosas que a simple vista serían invisibles.

 © Copyright Robert stargazerscatalunya

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Sobre mí

Me llamo Robert y resido en Barcelona. Soy aficionado a la astronomía desde los 10 años. Tras contemplar por primera vez un cielo estrellado libre de contaminación lumínica, no he podido dejar de mirar hacia arriba.

He formado parte de la Agrupació Astronòmica de Sabadell, y disfruto por igual de la contemplación a simple vista, con prismáticos y con telescopio. Mi equipo actual está compuesto por un refractor de 70 mm, un Maksutov 127 AZ GoTo para observación planetaria, y un Seestar S50.

Contacto: stargazerscatalunya@gmail.com

También puedes ver mis fotografías y ponerte en contacto conmigo en Instagram. @quietly23

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